Mensaje de Pascua de los Obispos del Valle

MENSAJE DE PASCUA DE LOS OBISPOS DEL VALLE

A TODOS LOS VALLECAUCANOS

Abril 12 de 2020, Domingo de Resurrección

Nos dirigimos a ustedes con la más firme esperanza de salir de esta crisis lo mejor y más pronto posible,  renovados y unidos, con el despertar de una nueva conciencia ciudadana y planetaria.

Iglesia: alma y hogar de la humanidad

Estos días de Semana Santa y Pascua nos hicieron sentir que ser Iglesia es una gracia,  primeramente interior, de unión de cada alma y de las almas en cada hogar con Dios, e igualmente de común unión y solidaridad social, como base indispensable para el cuidado de la vida de todos.

La espiritualidad y la convivencia,  el servicio y la disciplina, el esfuerzo y los sacrificios de todos, la generosidad de muchos, arriesgando, incluso, su propia salud y tranquilidad, nos hacen sentir que hay arraigo en Dios, en su Palabra y Presencia, en su Amor y Providencia, en los vínculos de comunidad y de cuerpo místico, que nos inspiran fraternidad, paz, paciencia, perdón, comprensión y entrega de unos por otros.

Viacrucis con resurrección

El Viacrucis de Cristo Jesús no se quedó en su sepultura: entró en la soledad y tristeza del Sábado Santo, en el que la fe de sus discípulos parecía sobrevivir solo en el corazón adolorido de la Virgen María, entregada como Madre de todos en la persona del apóstol Juan, para llegar a la mañana de la Resurrección, de la Pascua gloriosa. 

También el Viacrucis que está viviendo la humanidad, bajo la amenaza común y con los estragos,  ya muy graves,  en pérdida de vidas humanas por el síndrome de insuficiencia respiratoria, tendrá su décima quinta estación: la resurrección, con nuevos modos de vida y valores mejor afincados en la consciencia individual y colectiva.

La presencia del Resucitado

Jesucristo se levanta glorioso del sepulcro venciendo la muerte, trayendo esperanza al pueblo que estaba en oscuridad y sombras.

En este momento resuenan más las palabras del Apóstol  san Pablo en su carta a los Romanos “nada nos podrá separar del amor de Cristo, ni el hambre, ni la angustia, ni la enfermedad” (Rm 8, 35-39).

Esta pandemia nos permite descubrir el rostro de Cristo sufriente en los enfermos y contagiados y a la vez servirles con generosidad.

Cristo resucitado es nuestra esperanza y así como venció la muerte, vencerá toda nuestra angustia y dolor.

Vida Nueva para todos

Que la muerte no tenga ya más el poder sobre nuestras vidas, que la vida se la absorba y la domine, eliminando las causas que dañan nuestra respiración física, ambiental, afectiva, social y cultural, es mucho más que evitar morir por el contagio de un virus.

El Resucitado, Cristo Jesús, a quien celebramos en la Pascua, comunica, desde sus pulmones victoriosos sobre el odio de la cruz y la corrupción del sepulcro, EL OXÍGENO DE LA VIDA NUEVA: el soplo de su Espíritu Santo, don de presencia, de paz y alegría, de perdón y renovada misión ( leer Juan 20, 19-23).

Como sus discípulos, encerrados por miedo a los Judíos, también nosotros podremos salir del encierro por miedo al contagio, e ir ahora como CUIDADORES unos de otros y de la “casa común” que es el planeta en cada territorio, rural y urbano, que habitamos.

Disciplinados y conectados

Los animamos a mantener y observar todas las medidas de prevención vigentes. Y seguiremos sirviendo a todos, coordinados con nuestras autoridades y acompañando,  con nuestra oración de intercesión y nuestra conexión virtual, mediática y solidaria, a nuestras comunidades y a la sociedad entera.

Dios sea TODO en todos y en todas las cosas.

+Darío de Jesús Monsalve Mejía   Arzobispo Metropolitano de Cali

+José Alejandro Castaño Arbeláez   Obispo de Cartago

+Edgar de Jesús García Gil   Obispo de Palmira

+José Roberto Ospina Leongómez   Obispo de Buga

+Rubén Darío Jaramillo Montoya   Obispo de Buenaventura

+Luis Fernando Rodríguez Velásquez   Obispo Auxiliar de Cali

+Juan Carlos Cárdenas Toro   Obispo Auxiliar de Cali

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